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SANTUÁRIO ROSACRUZ

Max Heindel

 

 REVELACIONES DE LOS ROSACRUCES

Por Roberto Ruggiero Grimaldi

II. Las causas espirituales que producen los movimientos sísmicos, según las Enseñanzas de la Filosofía Rosacruz y  El materialismo de los últimos años.

 

 

Las causas espirituales que producen los movimientos sísmicos, según las enseñanzas de la Filosofía Rosacruz.-

             En los antiquísimos tiempos de la formación de nuestro sistema, la materia que hoy constituye la Tierra, formaba aún parte del sol y estaba localizada en la región polar solar, donde el movimiento era lento. La evolución humana comenzó, a pesar del estado ígneo de la época, luego que Marte fue desplazado, pues el fuego no es impedimento para el Espíritu. Ocupó la onda humana, primitivamente, un cuerpo muy simple, de forma abotargada - de saco o bolsa -, con una abertura en la parte superior, de donde salía una especie de órgano de orientación y dirección, mal llamado “primer ojo”, cuando éste se aproximaba a un calor demasiado intenso, que no podía resistir se dilataba y la forma se movilizaba automáticamente para otro lado. La conciencia era muy oscura y la nota vibratoria tan baja que fue, nótese bien, cristalizando o endureciendo la sustancia química de su medio ambiente, lo que era contraproducente para la evolución de los elevadísimos seres que evolucionaban conscientemente en el Sol. Este endurecimiento hizo pesada la materia que, por la acción de la fuerza centrífuga producida por el movimiento, fue primero descendiendo para el Ecuador del Sol y después, como la fuerza de cohesión era menor, terminó separándose de la masa central. Siguió la nueva esfera, girando en el espacio, a la distancia necesaria para recibir la vibración correspondiente a la evolución nuestra, Espíritus Virginales de entonces.

            Por el mismo motivo que fuimos alejados del Sol, una parte de nuestra propia Tierra, tuvo, a su vez, que desprenderse y formar la actual Luna, por cristalización prematura, lo que impedía el adelanto de la mayoría de los seres humanos. La cristalización tiene que ser entendida en términos relativos, pues, en verdad, la materia estaba suficientemente plástica o blanda todavía como para permitir un desprendimiento, sin mayores consecuencias. La rotación originó de inmediato la forma redonda, continuando, a través del tiempo, el lento proceso que fue creando costras o islas cada vez más duras, mientras los fuegos luchaban contra éstas, para no ser aprisionados, en medio de una atmósfera o nebulosa húmeda, que el calor transformaba en vapor. Este ascendía y en contacto con el frío exterior se condensaba, produciendo lluvias supertropicales que desenvolvieron, poco a poco, en los lugares menos calientes, grandes y lujuriantes bosques, donde continuaba desenvolviéndose nuestra Evolución. Los cuerpos grandes de un principio, fueron condensándose un tanto y organizándose, al cuidado de la Jerarquía que denominamos, Señores de la Forma.-

 

La propagación primitiva.

 

            Era apenas una división del cuerpo, formando dos partes que no crecían al principio, hasta que fue agregando un segundo principio, o Cuerpo Vital, que permitió crecer a las partes hasta alcanzar el tamaño primitivo. Este principio vital posibilitó la organización del primer rudimento de sentidos, formación siempre por grados, en que tiene su parte el propio Espíritu: eran sus fuerzas dirigidas para dentro, para la organización interna. Es la misma fuerza que hoy dirigimos para fuera, para las realizaciones en el mundo. Cuando fue posible, recibió un tercer principio de energía impulsora, un Cuerpo de Deseos, que le permitió la acción y la futura experiencia. Simultáneamente su conciencia fue aumentando y percibiendo el mundo físico a su alrededor; primeramente como una visión semejante a los sueños. Más tarde, y con los cuerpos más organizados, tuvo necesidad de un cerebro. Para esto, dividióse la fuerza creadora. Hasta ese entonces el reino humano era hermafrodita; podía procrear sin ayuda de otro ser, como lo hacen actualmente varios géneros de plantas. Entonces parte de esa fuerza creadora ascendió, para alimentar la laringe y crear el cerebro, o cuerpo mental, para la expresión inteligente del Espíritu. El cuerpo tomó la posición vertical y la sangre tornóse roja y caliente por acción del hierro, que originariamente se recibió de Marte, cuando la Tierra y Marte, en una órbita diferente a la actual, confundían sus auras. No olvidemos que el hierro produce la hemoglobina.

            Al dividirse la fuerza procreadora, perdióse la condición hermafrodita y aparecieron los sexos. El cuerpo masculino asimiló más fácilmente la influencia solar, que auxilió al Espíritu, en cuerpo masculino, a desenvolver voluntad. El cuerpo femenino respondió más a la vibración lunar, que permitió al Espíritu o Ego, en ese cuerpo, cultivar la imaginación y desde entonces los Espíritus renacen en uno y en otro sexo, para que el progreso no se unilateralice. La propagación realizábase en determinadas épocas propicias, dirigida por la humanidad inmediata superior, los Ángeles, que reunían ambos sexos en grandes templos a propósito y, como la conciencia aún era mayor para los mundos celestes que para el propio mundo terrestre, realizábase la unión de los sexos casi sin sensación y conocimiento. Como los ángulos planetarios eran propicios, la gestación y partos eran sin dolor, al igual que hoy día en el reino animal, que procrea solamente en determinadas épocas, guiado por los Espíritus - grupos. Los seres humanos éramos obedientes, no sabíamos de sufrimiento y vivíamos en perfecta comunidad, en paz uno con los otros, sin ni siquiera distinguir la pérdida del cuerpo físico con la muerte. Recibimos, entonces, el auxilio de

 

Los Señores de Venus

 

            Venus y Mercurio, por su proximidad al Sol, son planetas donde evolucionan humanidades muy adelantadas. Las lunas que ambos tenían los asteroides son sus restos - eran habitadas por lo menos evolucionados; estos se ofrecieron para auxiliar nuestro incipiente comienzo racional, ayudándonos a desenvolver conciencia. Los que primero vinieron fueron los Señores de Venus, que, como grandes Manús, fueron respetados y acatados como mensajeros de Dios. Su esfuerzo fue en el sentido de que dirigiéramos nuestra atención a los acontecimientos de la vida física, de las que teníamos que adquirir conocimiento y, como consecuencia, alcanzar crecimiento anímico. Nuestro estado, si bien dócil, era apático e indiferente, siendo necesario que nos sometieran a toda clase de experiencias, a veces las más duras, para que, usando los sentidos físicos, fijáramos nuestra atención fuera de nosotros mismos.

            Los Manús, con sabiduría y amor, dirigieron la educación en un sentido diferente para cada sexo. El masculino fue sometido a durísimas pruebas, llevando pesadas cargas, para desenvolver la voluntad. Las grandes Pirámides, con sus grandes bloques, son un recuerdo y las medidas cósmicas de la Pirámide de Gizeh muestran el conocimiento de los Manús que la dirigieron. El ejercitamiento muscular era, pues, el mayor desenvolvimiento para el hombre de entonces. La mujer, en cuerpo más sensible, fue sometida a otra índole de pruebas, a fin de despertar su imaginación. Como las condiciones climatéricas eran tremendas - había un incesante lucha de los elementos, con lluvias torrenciales y grandes temporales - eran llevadas a los grandes bosques, para sentir todo lo que ocurría a su alrededor: lluvia, viento, relámpagos, caída de árboles, hasta la propia muerte, cuando esta acontecía. Esto cultivaba la memoria y el pensamiento rudimentario y fue el primer comienzo de conocimiento cerebral, que procuraban trasmitir después al otro sexo. Así fueron desarrolladas la voluntad y la imaginación.

            Cuando  con el tiempo no fue necesario la presencia de los Señores de Venus entre nosotros, regresaron, habiendo conquistado, por su valiosísimo, sabio y penoso trabajo sobre la humanidad, el derecho de integrarse junto a los adelantados de su planeta. Nosotros tenemos una deuda de gratitud, que sólo podremos pagar, procediendo de la misma forma con los reinos que vienen detrás.

            En febrero último (1973) la escritora e historiadora peruana Isaura Andrada de Trellin efectuó en el “Ateneo de Montevideo” una conferencia sobre el tema: INCAS, ORIGEN EXTRATERRESTRE y la prensa publicó recientemente el descubrimiento, en ruinas Incas, de datos matemáticos y astrológicos, confirmados por los viajes de las sondas espaciales rusas - basados en el calendario solar venusino.

 

Los Ángeles de Lucifer

 

            No se limitó la influencia recibida, a la ayuda que antecede. Simultáneamente intervino lo que modificaría en forma radical nuestro carácter, pacífico y obediente hasta entonces. Para comprender esto, es necesario conocer y analizar la intervención gratuita de ciertos Ángeles caídos.

            Primeramente tenemos que saber que los Ángeles evolucionaron adquiriendo plena sabiduría cósmica, en el anterior Período Lunar, liderados por el mayor de todos ellos, que conocemos y reverenciamos como Espíritu Santo, Jehová. La Biblia, en el Antiguo Testamento, nos lo presenta dirigiendo nuestra evolución.

            Infelizmente dióse un triste fenómeno en este Período Lunar: mientras en los anteriores períodos culminaron las Evoluciones uniformemente, es decir en el Período de Saturno, alcanzaron la más alta evolución espiritual los Señores de la Mente - dirigidos por quien veneramos con el nombre del Padre - y lo mismo sucedió en el Período Solar con los grandes Arcángeles liderados por el mayor de todos ellos - el Señor Cristo - en el tercer Período no fue así ; hubo disidencias.

            El Período Lunar caracterizóse por una condición acuosa, en cuyo ambiente, la mayoría de los Ángeles alcanzaron el máximo esplendor espiritual; pero, existiendo en éste Período todavía los fuegos, como reminiscencias del Período Solar, algunos de esos Ángeles tuvieron más afinidad con el fuego, lo que les hizo indómitos y rebeldes a la dirección del Espíritu Santo. El fuego les impartió separatividad; se aislaron del poder cósmico de Dios que envuelve toda la creación, y se estancaron, produciendo una anomalía en la evolución.

            Perdidos y rezagados en el Planeta Marte, donde residen habitualmente, estos Ángeles caídos - a quienes dirige Lucifer - cuando pudieron observar el incipiente cerebro humano, percibieron de inmediato una posibilidad de progreso para ellos. Comprendieron, con hábil suspicacia, lo que valía esta notable novedad del cerebro, como instrumento para el cultivo de la inteligencia creadora; método de adelanto que tenemos el privilegio de ser los primeros en usar. Las Jerarquías que nos antecedieron, siguieron otras líneas de progreso, no cerebrales.

            Los Luciferes, para obtener provecho de nuestro cerebro, decidieron dirigirnos, produciendo

 

La caída de la humanidad.

 

            La caída no es un simbolismo de la Biblia; es un hecho histórico que marca el desvío de nuestra Evolución. Por nuestra columna vertebral sube el fuego espinal, producido por el hierro marciano que existe en nuestra sangre. Fue facilísimo a los Luciferes introducirse por la columna vertebral serpentina, dirigiéndose especialmente a la mujer que, por su cualidad imaginativa, podía influenciar mejor; le “abrieron los ojos” y le dieron a comer el fruto del “árbol del conocimiento”. La mujer los vió en su cerebro como “serpientes”, imagen de la columna serpentina.

            Para alcanzar sus propósitos, instigaron a la mujer a que desobedeciera el mandato de los Ángeles del Espíritu Santo, realizando, el acto de la fecundación, sin la tutela que hasta entonces existía. Adan y Eva no son apenas dos seres, sino que representan la humanidad toda, que desde ese entonces practicó ese acto, como expansión sexual. La desobediencia y la rebeldía se acentuaron cada vez más, caracterizando a la humanidad. Lo que debía ser virtud, dejó de serlo. El abuso de esa función y el desconocimiento de las épocas convenientes para hacerlo, trajeron como consecuencias el dolor, el sufrimiento y las enfermedades. Triunfaron los Ángeles de Lucifer, usando experiencias humanas en beneficio propio, pero modificaron nuestro destino, demorándolo. Este igualmente tendrá que ser alcanzado. Para tener un vislumbre de lo que tenía que haber sido, es bastante saber que los que, excepcionalmente, siguieron por el sendero de la virtud, han conquistado poderes espirituales que los mantienen a la vanguardia de la Evolución. Son los Hermanos Mayores de la Humanidad.

 

El materialismo de los últimos trescientos años.

 

            Para valorizar debidamente el extraordinario esquema a que pertenecemos y cómo nada fue dejado al acaso, tenemos que pasar a considerar la razón del traslado por el espacio de nuestro sistema Solar, a través de doce grandes constelaciones estelares.

            La señal por la que se reconocían los primeros cristianos era dibujando la forma del pez. El Señor Cristo vino a la Tierra inaugurando las nuevas influencias de la Era de Piscis, próxima a iniciarse en aquella época y sus seguidores, sabiendo lo que esto significaba, usaron del símbolo del pez. Cada constelación del Zodíaco presta un servicio especial, impulsando en determinado sentido. Piscis que se caracteriza por amor y devoción, impartió esta cualidad y la humanidad vivió una era religiosa. Si hubo exageraciones y terribles persecuciones, es únicamente debido a que respondimos todavía en nota baja y lo que debería haber sido de gran esplendor religioso no lo fue, pero en cambio ha mantenido en la humanidad la dulce esperanza que produce la devoción y eleva el cuerpo de deseos.

            Pasados dos mil años, el Sistema se aproxima a la Constelación de Acuario, cuya característica se hizo ya evidente: el desenvolvimiento de la inteligencia. El enorme adelanto de la ciencia moderna es su consecuencia y muestra el impulso mental que producirá la Era de Acuario, de la que faltan siglos aún (año 2658). Pero nunca existió un peligro tan grande como el que atravesamos, en que la ciencia mata a la religión y hace a los seres materialistas. Este divorcio con el Gran Arquitecto, Dios, produce el antagonismo entre los hombres, que se acentúa cada vez más, en luchas interminables y pérdida de la virtud y de los buenos principios. Los Hermanos Mayores trabajan incesantemente para contrarrestar esta tendencia, procurando sembrar el amor y la unión, haciendo lugar a la tolerancia y al buen entendimiento en la humanidad. Para que haya comunión entre el cerebro y el corazón debemos salvar esta etapa nefasta de antagonismos tremendos, que desvirtúan nuestro principio de Espíritus inmortales.

 

Movimientos sísmicos y erupciones volcánicas.

 

            El libre albedrío es una condición “sine qua non” de que disfruta la humanidad, pero tiene que sujetarse a la ley de consecuencia, que sabiamente va mostrando las fallas, para ser corregidas a tiempo. Cuando acontecen catástrofes que abarcan una colectividad, es siempre la acción de la misma ley que procura corregir equivocadas tendencias, empleando la única forma ya posible: el dolor intenso que llama a la realidad al Espíritu y lo reencamina para el bien, para Dios.

            Al contrario de que se piensa, la Tierra es un organismo vivo que refleja el estado de la humanidad. No es posible creer que es conocida por haber sido estudiada su capa externa solamente; está aún en una mínima parte. Síguenle capas o estratos varios, con vida, que están conjugados con la acción de los Mundos Invisibles, que posibilitan la Evolución. Este entrelazamiento no debe extrañar a quien se detenga a meditar sobre el Plan Divino, que visa el progreso del Espíritu y para lo que todo el Sistema está constituído. La afirmativa de que la Tierra en su interior tiene una perfecta concordancia con la vida externa, forma parte de las Enseñanzas Rosacruces dadas por el inolvidable Iniciado Max Heindel.

            Con el endurecimiento gradual de la costra “Mineral”, los fuegos encerrados formaron un segundo estrato, de materia altamente explosiva y expansiva, semi pastosa por el enorme fuego acumulado, que se mantiene comprimida por la gran presión de la costra dura. Si esta fuera retirada, el segundo estrato “Fluídico” explotaría en el espacio de forma terrible, acabando con la vida en la Tierra. Un tercer estrato, “Vaporoso”, refleja los sentimientos, emociones y pasiones de los reinos humano y animal. El cuarto estrato, denominado “Acuoso”, tiene concordancia con la formación Arquetípica de todas las formas. El quinto estrato, “Ígneo”, es la multiplicación mental de la vida de todo lo que existe en la Tierra. El sexto, “Germinal”, refleja sensación sentimental de simpatía, amor y odio. El séptimo, “Reflector”. entra en actividad, acosado por las terribles tendencias del materialismo cristalizante, el abuso sexual, egoísmos y separatividad; impulsa la expansión de todos los estratos anteriores, culminando con la actividad del segundo estrato, que se expande a los cielos, por la boca de los volcanes, como un terrible gas; cesa solamente cuando la materia volátil, en contacto con el aire, se solidifica en cantidad bastante como para cerrar la boca de salida. En otros caso produce movimientos que alteran la superficie. La misma razón espiritual es motivo de otras calamidades como las grandes inundaciones; por lo mismo que el hombre individualmente genera consecuencias, las colectividades también. La Tierra contiene un octavo, noveno y décimo estratos, revelados en las Iniciaciones.

            Las erupciones del Vesubio pueden servir para corroborar la influencia del materialismo en las erupciones; estas están siendo cada vez más frecuentes, tanto que durante el siglo pasado la media de tiempo entre una y otra fueron 15 años, en tanto que la media de tiempo o promedio del principio de la era cristiana hasta entonces era de 150 años entre una y otra erupción.

 

Los Señores de Mercurio.

 

            Están cumpliendo una altísima misión con los seres más adelantados. Aquellos que por la repetición constante en el bien obrar, por elevados y superiores sentimientos y por desarrollo mental fueron destacándose del conjunto, recibieron una instrucción especial de los Señores de Mercurio, que tomaron a su cargo iniciar a los más aptos en el sendero espiritual superior.

            Vivir la vida en un sentido elevado, virtuoso y abnegado en bien de los demás, tiene un efecto preponderante en los vehículos internos o cuerpos invisibles; estos van disminuyendo los lazos con el cuerpo físico y organizándose para servir de vehículos de percepción en los Mundos Invisibles. Naturalmente no será suficiente vivir un poco sin pecar, pero sí será de provecho y resultados reales el vivir constantemente en el bien y los buenos sentimientos, para que se opere un cambio notable en los diversos cuerpos.

            A veces el Aspirante se queja cuando no consigue adelantar tan rápidamente como desea y también se sorprende cuando, a pesar de decisiones firmes, los hábitos le vencen y le desvían. La práctica más aconsejable es el servicio desinteresado en el bien de los demás, oración profunda y sincera, dejando de ocupar su pensamiento en lo que no es propio; el pensamiento bien dirigido hace que se debiliten y apaguen tendencias no convenientes.

            Cuando así vive el tiempo necesario, se iluminan sus vehículos invisibles, lo que llama la atención del Maestro, que aparece y lo instruye, para salir de su cuerpo a voluntad. La Iniciación nunca es en el cuerpo físico, sino en cuerpos espirituales. Cuando el momento llega, los éteres del cuerpo vital se separan, quedando los dos inferiores al cuidado del cuerpo denso y el Espíritu, con los éteres superiores, cuerpo de Deseos y Mente, se encuentra con plena conciencia en los Mundos Invisibles. Desde ese entonces su cuerpo físico es una confortable vivienda, de la que puede entrar y salir cuando quiere.

 

La misión del Cristo Cósmico.

 

            El Señor Cristo “rasgó los velos del templo”, haciendo posible la Iniciación para todos los que se preparasen, lo que era privativo hasta entonces de ciertas clases, que se mantenían en las condiciones requeridas. En su servicio de salvación a la humanidad, que comenzó justamente de la crucificación en adelante, penetra anualmente en nuestra Tierra, trayendo la vibración Solar, para depurarla.

            Lo que se conoce de su venida es apenas para servir de base al Cristianismo popular y su sacrificio en la cruz, un tristísimo recuero o más aún: un estigma en los valores del género humano, que muestra, de forma irrefutable, la barbarie y los bajos instintos desenvueltos en el pecado y en el error.

            El Espíritu Santo nos guía sabiamente por la ley de Consecuencia, otorgando a cada uno de acuerdo a sus méritos; pero en realidad fuimos acumulando faltas tan graves, atrasando tanto nuestro progreso, que entorpecimos hasta las propias condiciones espirituales de nuestra Tierra, que se tornó inadecuada para nuestro adelanto. El amor del Señor Cristo, que es alta expresión unificadora del Mundo de Espíritu de Vida, le hizo presentarse a venir año a año a vivir en nuestra Tierra, para, desde su interior, con su poderosísimo esplendor espiritual, mejorar las ya oscuras vibraciones del planeta; proporcionándonos, así, un medio ambiente mejor y facilitando nuestro desenvolvimiento.

            En un ambiente espiritual mejorado, sentimos más profundamente nuestros errores, nuestra conciencia es más aguda y nos acusa más fuertemente, sintiendo la necesidad de corregirnos y de imitarle. Lava así, el Señor Cristo, los pecados del mundo, no del individuo. Cada uno tiene que ser su propio artífice, que es la base del progreso, para no hacernos incapaces. Si hubiera lavado los pecados del individuo, quedaríamos inaptos para algún día llegar a ser super-hombres y más aún. Además incurrimos en la gran responsabilidad de obligar al Señor Cristo a envolverse año a año en las coercitivas condiciones en que pusimos nuestra Tierra.

            Sirva, pues, la explicación de los movimientos sísmicos, para sentir la verdadera condición a que hemos llevado nuestra Tierra y el padecimiento que representará al excelso Espíritu Solar de Cristo convivir anualmente en estas condiciones. Las Enseñanzas Rosacruces hacen un llamado, para que virilmente hagamos un esfuerzo, separando las ataduras que nos sujetan a viejos hábitos y zurquemos decididamente nuestro sendero como Espíritus inmortales y no como polvo de la tierra. Mientras no sea así, el Cristo Cósmico continuará en la Cruz del Gólgota, para nuestra vergüenza, para nuestro dolor.

 

Diagrama 18:
Constitucion de la Tierra

 

 

REVELACIONES DE LOS ROSACRUCES

 

 

 

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